GENTE QUE AMA LA VIDA

25.02.2016

Viajes: ECUADOR

Sin pensar mucho en el destino, pero con la segura convicción de un nuevo encuentro con los colores, sabores, olores y sonidos bien latinoamericanos, fue entonces que partí hacia la mitad del mundo. Al llegar ya me encontré con "un sueñito rico rico" en boca de un taxista que se detuvo por agua para no quedarse dormido... y fue así, como el oído comenzó a llenarse de nuevas palabras... y fue así, como el viaje inició con una sonrisa.

En Quito la ciudad es pura sobriedad, la puerta de entrada a un país de exquisita diversidad. Al adentrarse, ya en Otavalo, en donde el mercado es un mundo, "los otavalos" despliegan sus raíces en unas trenzas renegridas y las mujeres desfilan sus bordados como quien se enorgullece de su jardín repleto de flores.

Luego pasé por Quilotoa y llegando a Baños me encontré con su riquísima oferta turística para aventureros.
Alausí fue un poco sin querer, o una excusa para conocer el tren a la Naríz del Diablo, hermano mayor de nuestro Tren a las Nubes; pero realmente un pueblo metido entre las sierras con una gama de colores indescriptible y mucha, mucha alegría en sus miradas. Luego le tocó el turno a Cuenca con sus tradiciones en tejidos, cestería y oro. Para finalmente cumplir el sueño de conocer Galápagos.

Ecuador es como visitar a un pariente lejano... te recibe con unas ricas empanadas de viento y un abrazo que durará en el recuerdo.