Sin pensar mucho en el destino, pero con la segura convicción de un nuevo encuentro con los colores, sabores, olores y sonidos bien latinoamericanos, fue entonces que partí hacia la mitad del mundo. Al llegar ya me encontré con "un sueñito rico rico" en boca de un taxista que se detuvo por agua para no quedarse dormido... y fue así,...

Ya casi a mitad del año, el cuerpo y la cabeza pedían vacaciones, para lo que me hice de 5 días, un boleto de avión, muy poco equipaje, mi cámara... y partí hacia La Paz.